MIEDO ÍNTIMO | MIEDO ÍNTIMO

Medio mundo estuvo con el alma pegada del techo siguiendo minuto a minuto el desastre vivido por el mini submarino Titán, el cual pretendía ver de cerca los escombros del naufragio del Titanic y terminó con la trágica implosión que mató a sus cinco tripulantes.

El accidente ha sido abocado de manera abundante desde diferentes ángulos por verdaderos expertos que han dado sus versiones sobre las posibles causas técnicas de este accidente. Sin embargo, el factor humano resulta bien importante y curioso en este episodio.

En primer lugar, no es fácil entender por qué cinco grandes millonarios expusieron tan cándidamente sus vidas sumergiéndose a más de XXX metros a bordo de una nave evidentemente muy precaria, tanto que su control de navegación se manejaba con un joystck igual al de los videojuegos.

No puede ser posible que se tenga tanto desprecio por la vida luego de que esta les ha dado todas las oportunidades y facilidades para sentirse realizados y felices. Dejar atrás todo lo logrado por aventurarse en algo tan incierto quizá corresponda a la personalidad de quienes aman el riesgo, como ricos emprendedores que son.  Así esto nos parezca absurdo es respetable, cada quien debe ejercer el derecho al libre desarrollo de su personalidad. Hay deportes de alto riesgo en los que el participante se juega la vida.

Lo que sí resulta criticable, muy criticable, es que el multimillonario pakistaní Shahzada Dawood haya constreñido a su hijo Suleman Dawood para que, en contra de su voluntad, hiciera el viaje con él. El joven de diecinueve años se había negado a ir por físico temor a las profundidades del mar y su padre de alguna manera lo convenció o lo obligó a abordar le nave que inexorablemente lo llevaría a la muerte.

Cada quien es dueño de sus propios miedos y nadie puede venir a criticarnos o irrespetarnos por tener estos sentimientos frente a algo. Detrás de estos miedos hay razones muy íntimas que solo las conocen y las entienden quien los padece. Es más, ni siquiera estamos obligados a explicarlas a nadie, las sentimos y punto. Muchos padres no saben el inmenso daño que les están causando a sus hijos cuando los obligan a mostrarse “machos” subiéndose a ciertas alturas en atracciones mecánicas, arrojándose a un río o a un lago, y cosas por el estilo. Cada uno podrá ir venciendo sus miedos a su ritmo y según la intensidad que le provoque.  

No es difícil imaginar cómo será el viaje de padre e hijo hacia la eternidad, con incesantes reproches por parte del muchacho a su padre por haberle hecho perder la vida solo por un capricho. La carga moral de Shahzada le hará muy pesado el largo recorrido.

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