OPINIÓN | IGUALDAD DE GENERO

Y dijo Dios, hare para ti, ayuda idónea,

Y sacó de la costilla de Adán a su compañera, Eva, para acompañarlo y obedecerle…

¿Perdón?  ¿obedecerle?

Hemos sido adoctrinados desde el principio para que seamos obedientes sin perturbar en lo más mínimo al amo y señor de la creación, y con esta doctrina egocentrista se nos educa desde tiempos milenarios, raptando nuestro derecho al patrimonio familiar que nos corresponde como hijas del creador de la vida, y padre madre de toda célula viviente.

He aquí el principio de la desigualdad, y en este orden de ideas, podríamos estar defendiendo las idolologías feministas, y pasarnos el resto de la vida defendiendo nuestra postura idealista, pero la cuestión es sencilla:

Macho y hembra fuimos creados, admitidos y expulsados por igual, las decisiones se toman en pareja y las culpas se asumen de la misma manera.

La mujer es un ser idóneo, y para los entendidos en el tema, es aquel o aquella que reúne las condiciones necesarias para una labor determinada.

La mujer está capacitada para heredar el paraíso, tanto como lo están los adanes de esta nueva era, el mundo se ha venido moldeando sobre ideas fijas y enmohecidas, y la vida se rige por la evolución.

Es por esta sencilla razón que estamos en permanente desequilibrio emocional, por  que se ha demostrado de mil formas la idoneidad del género femenino, quien asume un rol determinado, o varios, y los ejecuta  de manera responsable y eficaz, pero que debido a esa filosofía mal aplicada del machismo, se ve expuesta a una constante lucha por el respeto y por el uso consciente de sus capacidades y aptitudes, llegando al punto de cansarse y ceder, abandonar, callar, y confirmar ante los ojos de sus hijos, que es inferior, débil, sumisa, y pecadora.

Delicado el tema, si analizamos que quien educa a los hombres y mujeres del futuro es la mujer, Eva, la serpiente ígnea, Isis, la maestra del templo, ubicando a su propio ser como el templo.

Es en si misma que se desarrolla el germen de la vida y la fuerza del amor, creadora y creador fusionados en un mismo espacio para procrear y habitar con su propia creación, es allí donde debemos preguntarnos, ¿qué estamos creando?

Seres egoístas, egocéntricos ambiciosos, que no reconocen en la mujer su par perfecto y por, el contrario, devalúan sus aportes sociales, científicos y culturales, donde ella resiste en silencio, y con la sabiduría de su alma, y esa fuerza del amor que la caracteriza, calla, otorgando la razón al tipo que la etiqueta. Dicen que el que calla otorga la razón al prójimo, aunque nosotras callamos para no debilitar nuestro espíritu. La verdad, la mujer tiene características muy finas de percepción, ella suele ser prudente y hace su propio diagnóstico en silencio antes de tomar alguna decisión drástica, callamos y damos un paso al lado, para observar, no por que seamos el sexo débil. 

Estamos ante un despertar cósmico, tenemos referentes femeninos que trazaron un camino tapizado con sangre y lágrimas, para que nosotras incineremos los miedos, sin que este despertar constituya de ninguna manera una guerra de géneros, estamos proponiendo a nuestros propios hijos, la filosofía como una forma natural de comportamiento humano.

Qué hago, por qué lo hago y para qué lo hago, en que me beneficia lo que hago y como me complemento con los otros. Yo, Martha Mora, creo en esta nueva educación, y en sus efectos colaterales y la promuevo cada día, mis hijos la aplican, y hoy invito a cada mujer que lee estas líneas a que se mire al espejo y comprenda que ella, tanto como él, son DIOSES creadores, y si necesitamos cambios, debemos generarlos, las niñas y adolescentes siempre han seguido patrones de comportamiento, tanto las sumisas, como las rebeldes, es el tiempo de convertirnos en esos referentes para nuestras hijas e hijos, a quienes educamos cada día,  somos los modelos a seguir de los vecinos que nos observan, de los esposos de los hermanos, hasta de nuestras madres.

Como seres idóneos, y con la fuerza del amor que nos caracteriza, levantemos la mirada hacia el futuro que estamos construyendo.

Por: Martha Lucía Mora Cárdenas

*Mujer Cafam Norte de Santander 2018

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