HOMBRES | CUENTOS DE PELOS

Una de las preocupaciones más antiguas que existen es la caída del pelo, y seguramente continuará causando ansiedad por los siglos de los siglos.  Sin embargo, no son muchos los avances efectivos de la ciencia en esta materia desde que una receta egipcia de hace 5.000 años aconsejaba mezclar las espinas quemadas de un erizo, sumergidas en miel y aceite, con alabastro, ocre rojo y muestras de debajo de las uñas, y untar el brebaje sobre la zona afectada. Tiempo después el médico griego Hipócrates creía que lo mejor eran los excrementos de paloma con rábano picante, comino y ortigas, mientras que siglos más tarde los vikingos utilizaban una loción de estiércol de ganso.

Desde entonces han abundado las recetas mágicas, la mayoría de ellas totalmente ridículas, como aplicarse descargas eléctricas y luego pasar una aspiradora por la zona donde se quería que creciera el cabello para estimular el despegue del folículo; frotarse inyecciones de testosterona y esteroides sobre el cuero cabelludo, o hacerse trasplantes capilares, que mueven folículos de un lado de la cabeza a otro. También se ha recomendado cubrirse la cabeza con aguacate y frotarse algunas preparaciones extrañas con huevos, brandy y leche de cabra. Incluso una compañía farmacéutica japonesa comercializó un CD de música que se suponía que promovía el crecimiento del cabello. Hubo tantas “curas” fraudulentas que, a mediados de la década de 1980, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) prohibió todo medicamento que asegurara tratar la caída del pelo.

Lo cierto es que hoy día no existe una cura real para evitar la caída del cabello, o un tratamiento que realmente haga que vuelva a crecer. La cura tantas veces prometida se ha convertido en el avance médico más perpetuamente retrasado, ya que siempre está “a la vuelta de la esquina”.

No obstante, ahora mismo – y como siempre – hay anuncios de una solución definitiva. Esta vez a cargo de una compañía de biotecnología dirigida por un multimillonario turco-estadounidense que está desarrollando un medicamento ultra secreto por la vía de las células madre. Actualmente se están realizando los ensayos en humanos y, según la empresa, el fármaco puede hacer que el cabello vuelva a crecer. También hay varios grupos de investigación japoneses que aseguran que pueden clonar tus folículos pilosos y manipularlos en un laboratorio para que generen pelo. Después los trasplantarían a tu cuero cabelludo.

Curiosidades

El cabello crece aproximadamente 1,27 centímetros al mes, y lo hace más rápidamente en los climas cálidos por una mejor estimulación de los folículos del cuero cabelludo.

Las rubias tienen más cabello que las morenas y éstas más que las pelirrojas.

El cabello blanco – las canas – tienen una textura diferente al cabello de color, debido a que las glándulas sebáceas producen menos sebo, sustancia que mantiene flexible la piel y el cabello.

El cabello es más largo cuando está mojado, por lo que hay que tener mucho cuidado a la hora de cortarlo para no obtener resultados desagradables.

La forma del cabello depende del folículo piloso, que puede ser plano, ovalado o redondo. En el primer caso tendremos un cabello liso y en los otros dos, un cabello rizado.

El cabello de los hombres crece más rápido que el de las mujeres y además es más grueso.

El cabello nos puede revelar una gran cantidad de información genética sobre una persona, aunque no puede indicarnos si es hombre o mujer.

Un solo cabello puede aguantar hasta 100 gramos de peso.

El mismo pelo puede aguantar hasta 7 años en nuestro cuerpo.

A los 50 años, el 50% de los hombres y mujeres tienen problemas de alopecia.

El pelo de los africanos es mucho más resistente a las inclemencias del clima, en el caso de los asiáticos, destaca su elasticidad.

Según la raza de cada cual, el cabello puede crecer entre 0,9 centímetros y 1,3 centímetros cada mes. Los asiáticos son a los que más rápido les crece el pelo, y los africanos a los que más tarda en crecerles.

El lavado del cabello está condicionado por la cultura. De hecho, los europeos suelen lavarlo tres veces por semana, Mientras que japoneses y norteamericanos suelen hacerlo hasta dos veces al día.

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