CRECIMIENTO | CUARENTENA ¿OPORTUNIDAD O CASTIGO?

Una estructura molecular submicroscópica súbitamente emergió, de la nada, para cambiarnos la vida, o para quitárnosla si no la evitamos. La dieron en llamar Covid 19, es una cepa del coronavirus y esperamos no conocerla en lo que de vida nos resta.

Muy seguramente la inmensa mayoría de nosotros sobrevivirá a su contagio, pero ya no seremos los mismos: hemos recibido una tremenda lección que ojalá quede aprendida para siempre: nuestro hogar es el lugar más seguro y placentero donde podemos estar, bien sea que vivamos solos o con nuestra familia.

El modelo pedagógico no ha podido ser más efectivo: permanecer aislados del mundo exterior con nosotros mismos como única compañía o con nuestros hijos y cónyuge, o con los familiares con quienes regularmente vivimos. No han sido pocos los posts y memes graciosos que se han hecho sobre esta situación, como el de un señor que dice que luego de tres días de cuarentena ha c omenzado a descubrir que su esposa es simpática.

Con todo, la cuarentena se nos impone como salvavidas por excelencia, y bien puede ser vista como un castigo o como una oportunidad, eso dependerá de nuestro grado de desarrollo espiritual. Si estamos solos es la ocasión perfecta para descubrir o reencontrarnos con vocaciones perdidas por la lucha diaria, como lo es tocar algún instrumento musical, pintar, la gastronomía y las artes plásticas en general, o cualquier otro hobby. Es el momento de ponernos al día con esas lecturas o escribir esos textos que tenemos pendientes, de crecer intelectualmente, espiritualmente, es decir, es tiempo de ser más, no de tener más. Eso es maravilloso.

Además, el inminente peligro que corremos todos, absolutamente todos, de contraer la enfermedad si no nos cuidamos nos produce la extraña sensación de que el mundo se aplanó, no importa cuánto dinero se tenga en el bolsillo o en el banco, las opciones de vida son las mismas para todos, muchas cosas no pueden disfrutarse, como ir a un buen restaurante, a un concierto o viajar de vacaciones.

El llamado “afán de lucro” ha mermado su velocidad y empezamos a disfrutar el hermoso paisaje que nos da la vida cada día, a sentir y apreciar el encanto de las simples cosas, como dice la canción de Mercedes Sosa.

Es tiempo de reflexión, de escribir cartas de amor, de enriquecernos espiritualmente con la lectura, de disfrutar de ese maravilloso invento que es internet comunicándonos con los amigos. La gran mayoría de nosotros puede hacer teletrabajo, con lo que nuestra capacidad productiva no se afecta. Quizás con el paso de los días comenzamos a extrañar a nuestros compañeros y viene la melancolía porque somos seres sociales, nos hace mucha falta interactuar de manera personal con los demás. Cuando pasa el tiempo sin recibir un abrazo o un beso sentimos que algo importante se nos ha muerto, pero si recordamos que es algo temporal podemos superarlo fácilmente.

A nivel colectivo el riesgo inminente de contraer el covid-19 ha hecho que los empresarios entiendan que la salud siempre estará de primero, antes que cualquier negocio o ganancia. Así vemos que muchos espectáculos se cancelan o posponen. Todo el mundo se afecta, hasta los religiosos, quienes ven muy reducidos sus ingresos por limosnas y contribuciones en los cultos; la gente ahora sabe que es tan eficaz orar en casa como en el templo. Globalmente estamos recibiendo un reentrenamiento mental solo para que aprendamos a vivir una vida más sostenible en la cual lo más importante es valorar nuestro único hogar: nuestro cuerpo, nuestra casa, nuestro planeta.

El virus nos ha puesto de presente que no somos más que unas diminutas briznas de hierba en las manos de Dios, sin capacidad alguna para enfrentar sus designios, de nada sirven las vanidades, el dinero ni el orgullo en estos tiempos.

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