Page 14 - Unicentro Contigo 125 Diciembre
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                                             Día Noveno






                       a  noche  ha cerrado del todo en  las      La rojiza linterna que José tiene en la mano
                       campíñas  de Belén.  Desechados por     ilumina tenuemente ese pobrísimo recinto, ese
                   Llos  hombres,  y viéndose  sin  abrigo,    pesebre lleno de paja que es figura profética
                   María y José han salido de la inhospitalaria   de las maravillas  del altar,  y  de la íntima  y
                   población y se han refugiado en una gruta   prodigiosa  unión eucarística  que  Jesús  ha
                   que se encontraba al pie de la colina. Seguía   de contraer con  los  hombres.  María está en
                   a  la  reina  de los ángeles  el jumento  que   oración en medio de la gruta, y así van pasando
                   le  había servido de  humilde cabalgadura   silenciosamente las horas de esa noche llena
                   durante el viaje, y en aquélla cueva hallaron   de misterio.
                   un manso buey, dejado allí probablemente
                   por  alguno de  los caminantes que  habían     Pero ha llegado la medianoche, y de repente
                   ido a buscar hospedaje en la cuidad.        vemos  dentro de ese  pesebre,  poco  antes
                                                               vacío,  al  divino  Niño  esperado,  vaticinado,
                      El Divino Niño,  desconocido por  sus    deseado durante cuatro mil años con inefable
                   criaturas racionales,  va a  tener  que acudir   anhelo.  A sus  pies  se  postra su  Santísima
                   a  loas  irracionales  para que calienten con   Madre, en los transportes de una adoración de
                   su tibio aliento la atmósfera helada de esa   la cual nada puede dar idea. José también se
                   noche  de  invierno,  y  le  manifiesten  con   acerca y le rinde el homenaje con que inaugura
                   esto y con su humilde actitud el respeto y la   su misterioso e imponderable oficio de padre
                   adoración que le había negado Belén.        adoptivo del Redentor de los hombres.
                                                                  La  multitud  de  ángeles que desciende de
                                                               los cielos a contemplar esa maravilla sin par ,
                                                               dejan estallar su alegría y hacen vibrar en los
                                                               aires las armonías  de  ese  Gloria in Excelsis
                                                               que es el eco de la adoración que se produce
                                                               en torno del Altísimo, hecha perceptible por un
                                                               instante a los oídos de la pobre Tierra .
                                                                  Convocados  por ellos,  vienen en tropel
                                                               los pastores de la comarca a adorar al recién
                                                               nacido y presentarle sus humildes ofrendas. Ya
                                                               brilla en oriente la misteriosa estrella de Jacob,
                                                               y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana
                                                               espléndida de los Reyes Magos, que dentro de
                                                               pocos días vendrán a depositar a los pies del
                                                               Divino  Niño el oro, el  incienso, y  la  mirra, que
                                                               son  símbolos  de la  caridad, la adoración  y la
                                                               mortificación.

                                                                  ¡Oh adorado Niño! Nosotros también, los que
                                                               hemos hecho esta novena para prepararnos al
                                                               día de  vuestra  Navidad, queremos  ofreceros
                                                               nuestra pobre adoración. ¡No la rechacéis! ¡Ven
                                                               a nuestras almas, venid a nuestros corazones
                                                               llenos de amor! Encended en ellos la devoción
                                                               a vuestra santa infancia, no intermitente y sólo
                                                               circunscrita  al tiempo de  vuestra  Navidad,
                                                               sino siempre y en todos los tiempos; devoción
                                                               que  fielmente  practicada  y  celosamente
                                                               propagada, nos  conduzca a la  vida  eterna,
                                                               librándonos del pecado y sembrando nosotros
                                                               todas las virtudes cristianas.





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